Actualizar al cliente no es volver a pedirle todo

Actualizar al cliente no es volver a pedirle todo

Por José M. Terán P.

Durante años, muchas instituciones financieras asociaron la actualización del KYC con una mecánica sencilla: vence un período, se contacta al cliente y se le vuelve a pedir información y documentación. El enfoque basado en riesgo permite una lectura más inteligente.

La Ley 23 de 2015 exige revisar periódicamente los documentos, datos e información de la debida diligencia para que se mantengan actualizados frente a la realidad de las operaciones del cliente. El Acuerdo 1-2026 de la Superintendencia de Bancos, vigente desde el 16 de julio de 2026, refuerza la necesidad de un conocimiento del cliente vigente y vinculado a su perfil y comportamiento. Y la Recomendación 10 del GAFI pide una debida diligencia continua, proporcional al riesgo.

Confirmar, actualizar o re-documentar

En la práctica, esto permite separar tres actuaciones:

Confirmar
El dato sigue siendo correcto
El cliente lo ratifica por un canal autenticado, con trazabilidad.
Actualizar
Hubo un cambio real
Se sustituye el dato y se valora si cambia el riesgo.
Re-documentar
El cambio exige soporte
Solo cuando el riesgo o la materialidad lo justifican.
Actualizar no debería significar automáticamente volver a recopilar.

De «¿cuándo vence?» a «¿qué cambió?»

La transformación ocurre cuando la institución deja de preguntar únicamente cuándo vence el expediente y empieza a preguntar qué cambió, cómo detectarlo y qué evidencia es suficiente. Para eso combina dos motores: el calendario, que asegura los ciclos de revisión, y los eventos —un cambio de comportamiento, de actividad, de beneficiario final o de condición PEP— que adelantan la revisión.

La contactabilidad se vuelve infraestructura: teléfono y correo verificados, canal digital activo y último contacto efectivo permiten confirmar datos en la banca móvil, la sucursal o el centro de llamadas, sin esperar una campaña masiva. Y la analítica —contrastar lo declarado con lo observado— ayuda a decidir dónde preguntar y dónde no generar fricción, sin sustituir la información que deba obtenerse del cliente.

El éxito ya no se mide por expedientes «actualizados», sino por la capacidad de detectar cambios materiales antes de la siguiente revisión.

El análisis completo incluye la matriz dato × riesgo, los dos motores de revisión, el recorrido en siete pasos, la tabla de canales y las métricas para su tablero.